Autorretrato en tres tiempos
El mismo rostro dibujado a los 12, a los 19 y ahora. Ninguno se borra; todos conviven.
Exposición en línea · 2026
Una luz entra blanca y sale hecha de todos sus colores. Eso también es un cuerpo.
Obra reciente de Río Esparza, artista visual y digital queer de la Ciudad de México. Cuatro salas entre lo análogo y lo digital.
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El nombre propio como obra en construcción: lo que se hereda, lo que se elige, lo que todavía no tiene forma.
El mismo rostro dibujado a los 12, a los 19 y ahora. Ninguno se borra; todos conviven.
Escribir un nombre hasta que deje de pesar y empiece a brillar.
Cada fragmento refleja un color: juntos, por fin, una cara entera.
El espectro como política: nombrar cada color es negarse a ser sólo blanco o negro.
La luz blanca abierta en abanico. Lo que parecía uno, siempre fueron seis.
Donde se encuentran tres colores nace el blanco. La mezcla no borra: ilumina.
El cielo de Iztapalapa pasando del fuego al hielo en doce minutos.
El cuerpo como territorio y como prisma: lo que lo atraviesa sale transformado.
Un cuerpo trazado sin levantar la pluma, como quien no quiere fijarlo del todo.
La piel no es muro: es filtro. Decide qué color deja entrar.
Dos cuerpos que no se tocan pero comparten la misma curva.
El error como estética: el glitch que revela que detrás de toda imagen hay un cuerpo de datos.
Un autorretrato que se corrompe un poco cada vez que alguien lo mira.
Cuando el orgullo se comprime demasiado, los colores se mezclan y siguen siendo nuestros.
Líneas de código que, al ejecutarse, dibujan a quien las escribió.
Trabajo con la luz porque la luz no pide permiso para descomponerse. Entra entera y sale plural.
Mi cuerpo hizo lo mismo: lo que parecía una sola cosa resultó un espectro. Pinto, fotografío y programo para quedarme a vivir en ese abanico, entre lo análogo y lo digital, sin elegir un solo color.
— Río Esparza, Ciudad de México, 2026